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Lo que Nicolás Cataldo omitió explicar

Columna de opinión-Célula Eduardo Contreras Mella

Don Lalo

24-07-2026

Las recientes declaraciones de Nicolás Cataldo sobre el marxismo-leninismo, la "dictadura del proletariado" y la “revolución en democracia” han abierto un debate que trasciende una simple entrevista televisiva. No se trata únicamente de una diferencia táctica o de lenguaje político, sino de una discusión sobre el significado histórico y teórico del marxismo-leninismo y sobre la identidad ideológica del propio Partido Comunista de Chile, que en sus Estatutos continúa definiéndose explícitamente como marxista-leninista. Precisamente por ello, resulta necesario examinar con rigor qué dijo Cataldo, qué omitió explicar y por qué sus afirmaciones contienen reducciones conceptuales que terminan debilitando la comprensión de categorías fundamentales elaboradas por Marx y Lenin.


Quizás la mayor debilidad de la respuesta del ex ministro Nicolás Cataldo no es lo que dice, sino aquello que deja de explicar. Al hacerlo, termina transmitiendo una imagen del marxismo-leninismo que no corresponde ni al pensamiento de Lenin ni a la tradición teórica que el propio Partido Comunista de Chile continúa declarando en sus Estatutos.


Cuando la periodista le pregunta por la dictadura del proletariado, Cataldo responde que el Partido Comunista de Chile no aspira a ella, sino a una "revolución en democracia". La frase parece razonable para quien desconoce la teoría marxista, pero conceptualmente confunde categorías completamente distintas.


Lenin jamás contrapuso la revolución democrática a la dictadura del proletariado. Al contrario, las entendía como momentos históricos diferentes, determinados por las condiciones concretas de cada sociedad.


En la Rusia zarista de comienzos del siglo XX persistían enormes vestigios feudales. El país estaba gobernado por una monarquía absoluta; millones de campesinos vivían sometidos a relaciones agrarias semifeudales; las libertades políticas eran prácticamente inexistentes y la propia burguesía era incapaz de llevar hasta el final las tareas que históricamente habían cumplido las revoluciones burguesas en Europa occidental.


Por esa razón, Lenin sostuvo que la primera etapa debía ser una revolución democrática. Su objetivo era destruir el absolutismo, conquistar las libertades públicas, repartir la tierra, establecer una república democrática y crear las condiciones para un desarrollo político superior. Sin embargo, esa revolución no podía quedar en manos de la burguesía, porque ésta prefería pactar con el antiguo régimen antes que permitir que obreros y campesinos adquirieran un protagonismo decisivo.


Por ello Lenin formuló la tesis de la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado: un gobierno de las clases trabajadoras destinado a cumplir las tareas democráticas que la burguesía había sido incapaz de realizar.


Pero la historia no terminó allí.


La Revolución de Febrero de 1917 derribó al zarismo. Las tareas democráticas fundamentales comenzaron a desarrollarse y surgió una nueva correlación de fuerzas. Fue entonces cuando Lenin, en sus célebres Tesis de Abril, sostuvo que la revolución debía avanzar hacia una segunda etapa: la revolución socialista.


Es en ese momento cuando aparece la dictadura del proletariado.


Contrariamente a la caricatura difundida durante décadas por la propaganda anticomunista, la dictadura del proletariado no significa la instauración de un poder arbitrario ni la negación abstracta de toda democracia. En el lenguaje político de Marx y Lenin, la palabra "dictadura" no describía una forma de gobierno personalista, sino qué clase social ejerce el poder del Estado.


Marx sostenía que todo Estado posee un carácter de clase. Bajo el capitalismo, aunque existan elecciones, parlamentos y libertades civiles, el poder económico y político continúa organizado para garantizar la reproducción de las relaciones capitalistas. En ese sentido hablaba de la dictadura de la burguesía: no porque existiera necesariamente un dictador, sino porque la burguesía mantiene la hegemonía sobre el conjunto del Estado.


La dictadura del proletariado representa el momento inverso: el período histórico en que la clase trabajadora conquista el poder político para impedir la restauración del antiguo orden, transformar las relaciones de producción y construir las bases materiales del socialismo. Es, por definición, una etapa transitoria entre el capitalismo y una sociedad sin clases.


Puede discutirse legítimamente cómo deberían expresarse hoy esas categorías en sociedades democráticas contemporáneas. Puede sostenerse que las condiciones del Chile del siglo XXI exigen estrategias completamente distintas a las de la Rusia de 1917. Ese debate siempre ha existido dentro del marxismo.


Lo que resulta mucho más difícil de sostener es que un partido que continúa definiéndose estatutariamente como marxista-leninista explique el leninismo prescindiendo precisamente de una de las categorías centrales desarrolladas por Lenin.


Porque una cosa es adaptar la estrategia a las condiciones concretas de cada país, cuestión que el propio Lenin defendió siempre; y otra muy distinta es simplificar o desdibujar conceptos fundamentales de la teoría marxista hasta el punto de que terminen siendo irreconocibles.


En definitiva, el problema de la respuesta de Nicolás Cataldo no reside únicamente en un error conceptual. Reside en que, al renunciar a explicar qué entendían realmente Marx y Lenin por dictadura del proletariado, deja el significado de esa expresión en manos de décadas de simplificaciones, caricaturas y lecturas descontextualizadas. Cuando un marxista deja de explicar sus propias categorías, son sus adversarios quienes terminan definiéndolas por él.

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