top of page

114 años de lucha y esperanza

Columna de opinión-Célula Eduardo Contreras Mella

Don Lalo

04-06-2026

Hace ciento catorce años, en las áridas tierras del norte grande, un obrero tipógrafo levantó una bandera que parecía imposible. Cuando la explotación era ley, cuando la riqueza del salitre se construía sobre la miseria de miles de trabajadores, Luis Emilio Recabarren sembró una esperanza que atravesaría generaciones. Así nació el Partido Obrero Socialista, el 4 de junio de 1912, la semilla fecunda de lo que años más tarde sería el Partido Comunista de Chile.


Desde entonces, la historia del Partido Comunista es inseparable de la historia de las luchas populares de nuestro país. Es la historia de hombres y mujeres que hicieron de la política un compromiso con los humildes, con los trabajadores, con las poblaciones, con el campesinado, con la juventud y con las grandes causas de la humanidad. Es la historia de quienes comprendieron que la dignidad no se mendiga, sino que se conquista.


A lo largo de más de un siglo, el Partido ha conocido victorias y derrotas, persecuciones y reconocimientos, clandestinidad y gobierno. Ha enfrentado cárceles, relegaciones, proscripciones y asesinatos. Pero jamás ha renunciado a la convicción profunda de que un Chile más justo es posible.


En sus filas caminaron gigantes. Recabarren, fundador y maestro; Elías Lafertte, dirigente obrero y constructor de organización; Galo González, Ricardo Fonseca y Luis Corvalán, cuya consecuencia iluminó los años más difíciles; Gladys Marín, símbolo imborrable de la resistencia a la dictadura y de la lucha por los derechos humanos; Volodia Teitelboim, intelectual y combatiente; Julieta Campusano, Mireya Baltra, Fernando Ortiz, Víctor Díaz y tantos otros cuyos nombres forman parte de la memoria viva del pueblo chileno.


La historia comunista también está escrita con la sangre generosa de quienes dieron su vida por sus ideales. Está en los desaparecidos y ejecutados políticos, en los combatientes de la resistencia, en los militantes anónimos que protegieron la organización en los tiempos oscuros. Está en cada hombre y mujer que, sin buscar reconocimiento, dedicó sus días a construir conciencia, organización y esperanza.

El Partido Comunista fue protagonista de las grandes conquistas democráticas y sociales del siglo XX. Estuvo junto a los trabajadores en las huelgas del salitre y del carbón; junto a los campesinos en la lucha por la tierra; junto a los estudiantes que soñaban con una educación para todos; junto al pueblo en la construcción de la Unidad Popular y en el gobierno transformador encabezado por Salvador Allende.


Pero la contribución comunista a Chile no se limitó jamás al terreno político y social. También ayudó a forjar el alma cultural de la nación. Porque el Partido entendió desde sus orígenes que la lucha por la emancipación humana debía librarse tanto en las fábricas y en las calles como en los libros, los escenarios, las canciones, los pinceles y la poesía.


Pocas organizaciones políticas pueden exhibir una huella tan profunda en la creación artística chilena. Entre sus militantes, simpatizantes y compañeros de ruta se encuentran algunos de los nombres más universales de nuestra cultura. La poesía de Pablo Neruda llevó la voz de Chile a todos los rincones del planeta, convirtiendo los dolores y esperanzas de los pueblos en patrimonio de la humanidad. La obra de Volodia Teitelboim enriqueció la literatura, el pensamiento y la memoria histórica del país. En el teatro, figuras como Alejandro Sieveking y muchos otros creadores vinculados al mundo de la izquierda contribuyeron a democratizar el acceso a la cultura y a poner en escena la vida del pueblo chileno.


En la música, el legado resulta inmenso. La voz de Víctor Jara continúa siendo un símbolo universal de compromiso, belleza y consecuencia. La obra de Violeta Parra abrió caminos decisivos para la valoración de la cultura popular, mientras agrupaciones como Quilapayún e Inti-Illimani transformaron la Nueva Canción Chilena en una expresión artística reconocida en todo el mundo.


Las artes visuales también encontraron en numerosos comunistas una fuente de inspiración y compromiso. La pintura de José Venturelli, los murales de la Brigada Ramona Parra y el trabajo de innumerables artistas populares llevaron el arte a las calles, transformando muros y plazas en espacios de memoria, identidad y esperanza colectiva.

Durante la dictadura, cuando se intentó silenciar la cultura crítica, fueron precisamente muchos artistas, intelectuales y trabajadores de la cultura vinculados al mundo comunista quienes mantuvieron viva la memoria democrática del país. La canción, el teatro, la poesía y las artes visuales se convirtieron entonces en trincheras de resistencia frente al miedo y el olvido.


Esa tradición continúa hasta nuestros días. Nuevas generaciones de creadores, escritores, músicos, cineastas, actores y gestores culturales siguen encontrando en los ideales de justicia social, igualdad y solidaridad una fuente de inspiración para sus obras. Porque la cultura, entendida como creación colectiva de los pueblos, sigue siendo un terreno fundamental en la disputa por una sociedad más humana.

Tras el golpe de Estado de 1973, cuando el terror intentó borrar la historia, los comunistas estuvieron entre quienes jamás aceptaron la derrota moral. Desde la clandestinidad, desde el exilio, desde las poblaciones y los centros de trabajo, mantuvieron viva la llama de la resistencia hasta contribuir decisivamente a la recuperación de la democracia.


Hoy, a 114 años de aquella jornada fundacional de 1912, la misma bandera sigue en alto. Cambian los tiempos, cambian los desafíos, pero permanece intacta la convicción de luchar por una sociedad donde la riqueza producida por las grandes mayorías esté al servicio de las grandes mayorías; donde la dignidad sea un derecho y no un privilegio; donde la solidaridad venza al individualismo y donde la justicia social sea el fundamento de la convivencia humana.


Ciento catorce años después, el legado de Recabarren continúa caminando por las calles de Chile. Vive en cada militante, en cada dirigente social, en cada trabajador y trabajadora que se organiza para transformar su realidad. Vive también en los versos, las canciones, los murales, las novelas y las obras de teatro que han acompañado la historia de nuestro pueblo. Porque la historia del Partido Comunista de Chile no es solamente la historia de una organización política: es también una parte esencial de la historia cultural, intelectual y artística de Chile.


Y mientras existan injusticias que combatir, canciones que cantar, libros que escribir y sueños colectivos que construir, aquella semilla sembrada en 1912 seguirá dando frutos, recordándonos que la historia no la escriben los poderosos, sino los pueblos cuando deciden ponerse de pie.

bottom of page